Myanmar o Burma (en castellano Birmania) son algunos de los nombres que ha recibido este bonito país del sudeste asiático situado entre la India y Tailandia. De cultura tradicional budista y fuertes influencias de la India, destaca por sus preciosos templos dorados y su gente amable, sencilla y abierta. Gobernado por una junta militar, en los últimos tiempos ha sido protagonista de una serie de revueltas impulsadas por los monjes protestando contra el poder militar. Ello ha repercutido en el turismo, principal motor del país en la última década, pero sigue siendo un país seguro para viajar.
Yangon, Mandalay y Bagan son las principales ciudades turísticas. Empecemos con la ciudad de Yangon (Rangoon), que hasta hace unos pocos años fue la capital del país. A pesar de que la capital haya sido transladada a Naypyidaw, Yangon sigue siendo la principal ciudad del país y su centro económico. La increible Pagoda de Shwedagon es la atracción turística más famosa de la ciudad y a su vez el centro religioso y de peregrinación más importante del país. Resulta preciosa con sus estupas doradas brillando al sol. Está en lo alto de la colina de Singuttara y visitar todo el complejo os tomará al menos 3 ó 4 horas. Otras pagodas que merece la pena visitar (aunque no pueden compararse a la de Shwedagon) son la de Sule y la de Botataung.
Si os sobra un día completo, una actividad que merece la pena es tomar el ferry hasta Dallah, un pueblecito en la otra orilla del río. El viaje en ferry es interesante en sí mismo y es una buena oportunidad de relacionarse con los birmanos: multitud de vendedores de frutas y comida os ofreceran sus mercancías. Dallah no merece la pena en sí mismo pero hay una bonita pagoda en el pueblo de Twante, al que se accede desde Dallah cogiendo una camioneta compartida. Contad con al menos 1 hora desde Dallah a Twante.
Viajamos ahora a Mandalay, la segunda ciudad del país, cuyo principal centro turístico es el Palacio Real. Este fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido después según el diseño original. Sin embargo, en la reconstrucción se usaron trabajadores forzados, por lo que actualmente muchos birmanos piden a los turistas que no lo visiten. La única parte que se conserva original es el monasterio de Shwenandaw, que es bastante bonito.
Pero la actividad más típica en esta ciudad es subir a la colina de Mandalay, situada cerca de la ciudad y llena de monasterios y templos, tanto a los pies de la colina (Sandamuni, Kuthodaw) como en lo alto. Desde la pagoda que hay arriba se ve una bonita vista de la ciudad que hace que la ajetreada subida en una camioneta compartida haya merecido la pena. En Mandalay también resulta imprescindible la visita al Mahamuni Paya, el segundo centro religioso y de peregrinación del país. Veréis más estupas doradas y blancas y suelos de azulejos formando increibles mosaicos de colores. Su importancia como centro de peregrinación reside en una gran estatua de Buda hecha de oro y piedras preciosas.
Para comprar recuerdos y artesanía local en Mandalay lo mejor es visitar el mercado de Zegyo.
Siguiendo ahora hacia Bagan, a donde se puede llegar en ferry desde Mandalay, lo que resulta un viaje muy agradable. Hay dos opciones de ferry, el que tarda sólo 5 horas (el tren tarda 7) y cuesta 25 US$ por trayecto o el que toman los locales, que cuesta 10 US$ pero que puede tardar hasta 17 horas.
Bagan es un complejo de templos con forma de estupa y ruinas que datan del siglo XII. A mí me recordó a los templos de Angkor Wat en Camboya (aunque estos son mucho más pequeños que el complejo de Angkor). Lo mejor para visitar los templos es alquilar una bicicleta o contratar un coche de caballos con conductor/guía. La gente que visita Bagan normalmente pasa 3 días, ya que, al igual que en Angkor, los templos no se ven en un día y dos resultan un poco escasos.
La época del año más recomendable para visitar el país es de Noviembre a Febrero, mientras que la estación húmeda va de Mayo a Octubre.
Por último, como comenté al principio del artículo, Myanmar está gobernado por una férrea dictadura militar. Muchos activistas de derechos humanos como la recientemente liberada Ang San Suu Kyi han recomendado que no se visite el país a modo de protesta, pero muchos otros activistas han pedido precisamente lo contrario, ya que la presencia de turistas ayuda al desarrollo de la economía local y hace que los militares eviten grandes demostraciones de represión contra los birmanos. Yo comparto este punto de vista y desde luego recomiendo viajar a Myanmar, tanto por la belleza del país y de sus monumentos como por la amabilidad de la gente.