“La Tierra de Poetas y Pensadores” es como se conoce cariñosamente a la República Federal de Alemania, debido a que ha sido cuna y escuela de muchos de los grandes personajes de la cultura internacional. Es Alemania un país en donde la Literatura, la Música y el Arte tienen una gran importancia para sus habitantes y es por ello que es fácil encontrar, con bastante frecuencia museos, exposiciones y demostraciones artísticas, allá donde se vaya. Además, Alemania cuenta con hermosos paisajes en donde abundan montañas, valles, ríos y bosques. En definitiva, es un país centroeuropeo en el que se fusiona arte, cultura, historia y naturaleza, todo ello condimentado con una gastronomía sabrosa y variada, que va más allá de las salchichas y la cerveza.
Würzburg o “la ciudad de las especias” es una de las ciudades universitarias más importantes del país y en su localización, centro-sur, forma parte del Estado de Baviera. Es por esa razón que la vida es tan animada allí y en su tamaño medio caben no sólo las diversas facultades, centros comerciales, cines y restaurantes sino vestigios de la Historia, arquitectura sin igual, cultura por doquier y muchos, muchos museos.
Lo cierto es que la arquitectura cumple un papel muy importante en esta ciudad, pues son varios los edificios emblemáticos que caracterizan y embellecen las calles de Wurzburgo. El más importante de todos es, sin duda alguna, la Residencia de los Obispos Príncipes, que data del siglo XVIII y ha sido llamada en diversidad de ocasiones “el palacio de los palacios” por su exquisita decoración y la belleza de su estructura, diseñada por Balthasar Neumann. El edificio ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Siguiéndole muy de cerca se encuentra la Fortaleza Marienberg que rodeada por un grueso muro defensivo, se alza majestuosa en lo más alto de una colina. Su construcción data del año 1000 a.C. y en su interior se conserva, original, la Iglesia Redonda, además de la residencia que fue la usada por los obispos príncipes hasta 1719, cuando se edificó la Residencia mencionada anteriormente, en un lugar independiente. Otra de las visitas imprescindibles en el casco histórico de Wurzburgo es la Catedral San Kilian y el puente que le antecede, decorado con figuras religiosas de gran tamaño, a lo largo de sus 180 metros de longitud. En su interior se haya un museo que a lo largo de cuatro plantas juega con la fusión de antiguo y nuevo, pasando por los siglos XI al XVIII en su camino y contando con obras de los prestigiosos Otto Dix, Käthe Kollwitz o Joseph Beuys, entre otros.
Sin embargo, este es tan sólo uno de los numerosos museos de Wurzburgo, en donde se encuentran un gran número de ellos y todos diferentes, pues aunque la Residencia de los Obispos sea lo más aclamado, son sus museos hermosos resguardos de cultura y aprendizaje continuo. El Museo del Kulturspeicher contiene la colección Ruppert que abarca las obras de artistas de 22 países europeos (a partir del año 1945) y una colección de obras de artistas regionales (entre los siglos XIX y XXI). El Museo Mainfränkisch ocupa desde 1947 diversas salas del interior de la fortaleza Marienberg y contiene la colección de Riemenschneider más importante y amplia del mundo. Otros museos importantes son el Museo Fürstenbaumuseum para conocer la historia de la ciudad (también en el interior de la Fortaleza) o uno de los museos universitarios más grande del mundo, el Museo Martin-von-Wagner, que contiene entre muchas otras cosas, obras que datan del siglo III a.C hasta la Antigüedad, una colección de 5.000 jarrones griegos, 11.000 dibujos manuales o 14.000 gráficos impresos.
Para quien tenga la suerte de visitar Alemania en época navideña, nada mejor que visitar alguno de los más de 2.500 mercadillos navideños durante los fines de semana, que además sería la excusa perfecta para aprovechar y visitar algunas pequeñas y tradicionales villas rurales. En aquellos se puede encontrar todo lo necesario para decorar las casas en esta época, adornos y velas así como juguetes de madera y, por supuesto, repostería típica navideña. Y en Navidad o durante el resto del año, los centros comerciales son una buena opción de ocio para los alemanes, pues cuando cae la tarde y el tiempo refresca, ofrecen un lugar cálido donde resguardarse mientras se va de compras, se come, se va al cine o, simplemente, se da un paseo. Pero ¿qué comprar en las tiendas de los más de 400 centros comerciales de Alemania? Dejando de lado lo más famoso del país, como podrían ser sus automóviles o prendas de diseñadores como Boss y centrándonos en productos algo más asequibles, es indispensable traer algún producto artesanal de cerámica o soplado de vidrio, técnica que realizan a la perfección, así como porcelana de Meissen, famosa en el mundo entero y originaria de Ritzenhoff. Para los que se atrevan a traer comida (siempre bien envasada y liada en papel y bolsas para que no huela toda la ropa) nada como algún tipo de queso o tabletas de chocolate puro, pues son de bastante buena calidad y un sabor extremadamente delicioso. Otras opciones son mazapanes Niederegger (Lübeck) o tortas Lebkuchen-Schmidt (Nuremberg).
Y ¿qué comer durante la estancia en Alemania? La gastronomía alemana es famosa por las salchichas y, sobre todo, la cerveza. Sin embargo, va mucho más allá y cuenta entre sus ingredientes principales con una gran variedad de carnes, lácteos y, en la zona del norte, pescado: entre las carnes, la más consumida es sin duda alguna el cerdo, así como los embutidos y la carne de caza como el conejo y el jabalí; los platos carnívoros más típicos son las albóndigas, las chuletas de cerdo ahumadas y, cómo no, las salchichas, entre cuyas variedades destaca la Weisswurt (salchicha blanca) realizada con carne de cerdo, ternera y especias. Las verduras más usadas son las patatas, las coles y las cebollas, cocinadas y servidas como acompañamiento a la gran mayoría de los platos, de las cuales lo más conocido es el sauerkraut que está realizado a base de col fermentada. En cuanto a los famosos productos lácteos alemanes, son considerados casi la piedra angular de su gastronomía, ya que es uno de los países europeos con mayor variedad, entre los que resaltan los quesos – sobre todo, el Harzer Käse, realizado con leche agria – los yogures y la buttermilch o leche de mantequilla. El pan, preparado de muy diferentes maneras, varía dependiendo de la zona de Alemania en donde se coma, aunque destaca el Kassel o pan dulce y el pan amargo. Para postres o merienda, nada más típico que las rosquillas saladas con forma de lazo, Laugenbrezel, las tartas de manzana, las tartas de chocolate o los mazapanes y tortas mencionados anteriormente, por supuesto todo acompañado de café, la bebida no-alcohólica más consumida del país. Y, como bebida nacional por excelencia, la cerveza. Hay que tener en cuenta que la dieta alemana es bastante heterogénea y dependerá de qué país o países limiten con esa zona del país, pues las influencias de las naciones colindantes es bastante evidente.
Si tienes poco tiempo y no viajas con un grupo, lo recomendable sería alquilar un coche que te permitirá visitar, con cierta flexibilidad y ahorrándote algo de dinero, todas las ciudades que tengas en mente. Sin embargo, si el viaje se limita a una ciudad, entonces no merece la pena ya que el servicio de transporte público es puntual y funciona bastante bien. Para terminar, es aconsejable llevar a mano los datos de la Embajada Española en Alemania (Lichtensteinallee, 1 – 10787, Berlín) y/o el teléfono en caso de urgencias (254 0070).
¡Buen viaje!