El que Croacia esté de moda no es ninguna casualidad, las aguas cristalinas de sus playas, sus miles de kilómetros de costa, el buen vino, su variada gastronomía, el clima mediterráneo, las más de mil islas paradisíacas… cada vez atraen más a un turismo europeo que normalmente ve sus expectativas sobrepasadas con creces. Precisamente por el hecho de que Croacia ya no es ningún secreto para casi nadie, es una buena idea evitar los meses de verano y disfrutar del país en otoño o primavera, cuando todo está mucho más tranquilo, asequible y atractivo y, además, el clima sigue siendo agradable. En caso de que no nos quede otra opción que viajar en los meses de más afluencia turística y aún así busquemos tranquilidad, siempre tendremos la opción de visitar únicamente el interior del país, donde podemos encontrar varios puntos de interés tales como la encantadora aldea de estilo tradicional donde nació el jefe del estado yugoslavo, Josip Broz “Tito”, llamada Kumrovec, o varios magníficos castillos como el de Trakoscan o el de Varazdin. Sin embargo, viajar a Croacia y no conocer sus costas resultaría casi un pecado.
Tanto si decidimos viajar por la costa como por el interior, o hacer un combinado de ambos itinerarios, el punto de partida más práctico por su situación geográfica, es la capital croata, Zagreb. Muchas veces injustamente ignorada por los viajeros que se dirigen directamente a la costa, la capital croata tiene mucho que ofrecer. Zagreb merece que se le dediquen al menos un par de días para poder disfrutar de su extraña mezcla de arquitectura austro-húngara y de época socialista, así como de su curiosa combinación de glamour centro-europeo con un toque balcánico que hace la ciudad tan especial.
Antes de comenzar a disfrutar de la idílica costa croata, merece la pena hacer un alto a medio camino desde Zagreb y detenernos en el Parque Nacional de los lagos de Plitvice, candidato a formar parte de las siete maravillas del mundo. La parte visitable del Parque consta de un valle poblado principalmente de hayas en el que hay dieciséis lagos comunicados por numerosas cataratas y cascadas, formando todo ello un paisaje de singular belleza.
Dos de los lugares imprescindibles en la costa son Split y Dubrovnik. Split, además de ser una parada obligatoria por su magnífico centro histórico y su palacio Diocleciano, ambos Patrimonio de la Humanidad, resultará una base perfecta para explorar las islas cercanas y las playas de Brela. Por su lado, la llamada “La perla del Adriático”, Dubrovnik, ciudad rodeada por una gran muralla del siglo X de casi dos mil metros de largo, a pesar de haber sufrido grandes daños tras el terremoto acaecido en el siglo XVII así como durante el conflicto bélico de los años noventa, ha sabido conservar su refinada arquitectura gótica, renacentista y barroca. En conjunto, Dubrovnik resulta un lugar perfecto para perderse por sus calles de mármol y disfrutar de su intensa vida callejera, así como un lugar ideal para explorar desde él algunas interesantes islas cercanas, como la exuberante Korcula o la espectacular y tranquila isla de origen volcánico, Mljet.