Alicante es una ciudad típica del Mediterráneo: luz, palmeras, buen clima, playas, paseos, mucha vida en la calle, bullicio, ... Las veces que he estado en ella, que han sido unas cuantas, siempre he recorrido arriba y abajo su paseo junto a la playa, tan agradable. Es el sitio ideal para quedar. A muy poco metros de él, tirando hacia el lado de la montaña es fácil encontrar la animada vida de bares y restaurantes en los que librarse de la pesada tarea de cocinar para poder cenar. Te lo dan hecho, te lo sirven.
Entre los platos típicos, cómo no, están los arroces. Los hay de diferentes tipos, no es simplemente la paella. Está el arroz a la alicantina en el que se mezclan la carne de pollo y los productos del mar: calamar, atún, gambas, cigalas, mejillones, ... Otra variedad es el caldero marinero de Tabarca, nombre de la isla que se encuentra enfrente de la ciudad. Se trata de un arroz caldoso cocinado con ñoras y pescados. Con unas buenas sepias y arroz hacen un arroz negro para chuparse los dedos.
Que no queremos tanto arroz ... Entonces lo mejor es una buena ensalada de pimientos y bacalao.
Entre comida y cena, o cena y comida, podemos plantearnos algunas rutas o recorridos. Por ejemplo por la parte antigua. La ciudad amurallada fue bombardeada y destruida en el siglo XVII desde el mar. El ayuntamiento actual es del siglo XVIII. Su Salón Azul fue decorado para la visita de Isabel II en 1858 para la inauguración del tren que unió Alicante con Madrid. Para los amantes de las curiosidades cerca de allí puenden visitar un museo de belenes. La calle Labradores conserva algunos palacetes del siglo XVIII como ejemplo de esplendores pasados. Ya cerca del castillo de Santa Bárbara podemos sentir la vida de unos de los barrios más típicos de Alicante, el barrio de Santa Cruz y su ermita. Sobre todo en semana santa las procesiones en sus calles tienen mucho fervor popular. Y finalmente, la basílica de Santa María, lo más interesante del recorrido. Se salvó del bombardeo y conserva sus orígenes de mezquita musulmana que luego fue renconvertida en iglesia gótica.
La ruta junto al mar es igual de interesante y muy apropiada a las intenciones reales de los turistas que nos acercamos a Alicante. En realidad queremos disfrutar de la tranquilidad del mar y de sus playas en un entorno urbano lleno de comodidades. Podemos empezar por la playa de San Juan cuyo prestigio es indudable. Cuenta con todo tipo de servicios. A lo largo de la explanada podemos llegar paseando hasta la casa Carbonell en cuyo solar se ubicó en su tiempo el mercado. A continuación está el auditorio en cuyo interior suele tocar frecuentemente la Banda Sinfónica Municipal. Luego viene el parque Canalejas, la lonja del pescado, panoramis, paseo de la marina deportiva y el paseo volado.
No dispone de grandes museos así que entre lo que hay por visitar yo destacaría el yacimiento arqueológico de Lucentum, la antigua Alicante, en el que se conservan, a 3 kilómetros de la ciudad, los restos del periodo ibero-romano.
Descansar y de nuevo a casa. Lo que decía, una ciudad sin complicaciones.