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Troovelers destacados

Zahara de los Atunes

Artículo escrito por: Budo

Hará tres años ya del último viaje que emprendí al sur peninsular, en busca de un cambio de aires, buen tiempo y sobretodo, desconectar de la vida cotidiana.

Varios amigos que hace tiempo nos reuníamos en busca de viajes andábamos un poco desperdigados, unos estudiando, otros atrapado en el trabajo, y no había manera humana de coincidir a causa del reparto vacacional tan sumamente heterogéneo.

Se acercaban la buenas temperaturas, el invierno no duró mucho, y semana santa estaba al caer, y pese a que tampoco era época de salir a la calle en manga corta, la chaqueta comenzaba a sobrar en interiores y ello nos dio pie para proponer un viajecito al sur.

Pensamos en un lugar con playa, por si las temperaturas acompañaban, con atractivo turístico, y cerca de alguna ciudad destacable, para poder hacer algún viajecito de día en coche, pero a su vez, reducido, que nos permitiese disfrutar del lugar sin excesivo agobio.

Al final nos decantamos por Barbate, un municipio situado en la provincia de Cádiz, y no muy lejos tampoco de Sevilla (poco más de 160 kilómetros), aunque a esta última no llegamos a ir.

Reservamos un apartamento y nos encaminamos hacia Andalucía, más concretamente hacia la Zahara de los Atunes, donde decir que pese a ser un núcleo turístico bastante importante, encontrar alojamiento no supuso ninguna dificultad en absoluto, ya que otra cosa no, pero apartamentos y hoteles tenías por toda la ciudad.

Uno de los motivos de nuestra elección, se concentró más en el municipio que en la propia ciudad, debido a la cercanía de diversos destinos turísticos como el cabo de Trafalgar (que fue uno de nuestros primeros destinos) o el parque natural de la Breña y Marismas de Barbate, en el cuál pasamos el tercer día entero y el cuál me dejó un precioso recuerdo de aquellas tierras.

Como ya nos anticiparon las páginas web de predicción meteorológica, hizo buen tiempo, no excesivo calor, pero sí el suficiente como para ponernos el bañador desde el segundo día, y disfrutar de la más que extensa “Playa de Zahara”, la cuál era tan limpia y clara, que permitía vislumbrar con absoluta claridad la costa africana al otro lado de la misma.

El cuarto día, y por recomendación de una pareja de ancianos, fuimos a visitar la Playa Cabo de Plata, o como ellos la llamaron “Playa de los Alemanes”, la cual estaba libre de edificaciones casi por completo (cada bastantes metros asomaban pequeñas edificaciones aisladas de una o dos plantas) y mostraban un paisaje completamente puro y bastante verde en general.

En cuanto a gastronomía no es difícil elegir, ya que comas donde comas, si eres turista, los camareros te darán a elegir entre tres platos casi siempre: Atún encebollado, Tortillas de Camarones o Ijada (que también era atún), comprensible no obstante en una población de pescadores.

Nuestro último viaje, si no recuerdo mal fue ya el sexto día, en el que fuimos a visitar Cádiz (que quedaba a unos 70 kilómetros de la localidad en la que nos encontrábamos) donde, pese a tener pensado en un principio hacer un poco de turismo, básicamente nos dedicamos a visitar un poco la ciudad, y tras ello, nos sumergimos en el barrio de la Viña a tapear hasta mitad de tarde, cuando volvimos a descansar al hotel, ya que el día siguiente tocaba un larguísimo viaje de vuelta.

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