Sitges es uno de esos sitios a los que no les falta de nada. Varias playas de fina arena, una interesante arquitectura, una vida nocturna sin parangón, arte en cada esquina, festivales de importancia internacional… A tan solo media hora en tren de Barcelona, Sitges es un lugar imprescindible de conocer.
A lo largo de sus cuatro kilómetros de litoral existen diecisiete hermosas playas, uno de los principales atractivos de la ciudad. Todas ellas de arena fina y brillante pero cada una con una personalidad diferenciadora de las otras: playas urbanas, playas nudistas, pequeñas calas, con vistas al casco histórico, apartadas del centro, más o menos frecuentadas… hay opciones para todos. Sin duda, la más popular es la playa de San Sebastián, considerada en ocasiones la mejor playa urbana de Europa. Lo más peculiar de esta playa es que está dividida en dos por la colina en cuyo punto más alto se encuentra la iglesia de Sant Bartolomeu, uno de los principales iconos de la ciudad. A pesar de tratarse de una playa de ciudad, durante la semana es relativamente tranquila, es durante los fines de semana cuando cuenta con mayor ocupación por los turistas y barceloneses que vienen desde la capital condal. De entre las playas nudistas destacarán las tranquilas y aisladas Playa de Roses y Cala Mosisca y la urbana Els Balmins, mucho más equipada que las anteriores y a la cual se pude acceder perfectamente a pie desde el centro de la ciudad.
Pero no todo es sol y playa en Sitges. Pasear por las pintorescas calles empedradas de casas pintadas en tonos blancos y azules en el barrio viejo es toda una delicia. Durante la época medieval Sitges era un pueblo fundamentalmente de pescadores y su vida se organizaba principalmente alrededor de la colina del Baluard, en la cual se encuentra la iglesia de Sant Bartolomeu. Más tarde, el en siglo XIX, la ciudad se convertiría en un lugar de referencia del Modernismo catalán, construyéndose en esta época algunas notables joyas arquitectónicas como son la Casa del Reloj, el Mercado (actualmente utilizado como sala de exposiciones) y el Hospital de Sitges (en cuyo interior se encuentra una interesante capilla del siglo XVI). Muestra de la intensa vida cultural de Sitges en esta época son el Museo Maricel (desde cuyas terrazas podemos obtener unas estupendas vistas al mar Mediterráneo) y el Cau Ferrat (antigua casa y taller del escritor y pintor Santiago Rusiñol).
Dos de los momentos claves para visitar Sitges son su afamado Festival Internacional de Cine, que hoy en día es uno de los eventos cinematográficos más relevantes de Europa y el Carnaval, durante el cual las calles de Sitges se llenan de color y de alegría, teniendo su punto álgido el domingo, en el que más de tres mil participantes y cincuenta carrozas participan en un alocado desfile.
Si conocemos Sitges en otra época tampoco nos defraudará su animada vida nocturna, la cual gira especialmente alrededor de la calle Pecat, con un gran número de bares, pubs y discotecas para todos los gustos.