Segovia es una ciudad Patrimonio de la Humanidad y con eso ya esta dicho todo, o casi todo. Además, si nos extendemos a su provincia, tiene un entorno natural realmente de gran valor y belleza. Su cercanía a la sierra de Guadarrama le proporciona una situación difícilmente mejorable. Segovia es un autentico lujo de ciudad.
Una de las cosas que más me gusta de Segovia es la aproximación a ella. Resulta de lo mas encantador tener la oportunidad de llegar bajando desde el puerto de Navacerrada. Es una carretera en buenas condiciones pero llena de curvas, la zona de las siete revueltas es la parte mas angosta, pero el tener que circular a baja velocidad permite poder disfrutar aún más del bosque de pinos que nos acompaña en todo el descenso. Descender por esta carretera, bajar la ventanilla y disfrutar del paisaje y el aroma que desprende la naturaleza en este punto, compensa el desplazamiento por este camino con creces. Como detalle curioso, decir que el pino de Valsaín, nombre que reciben los montes por los que descendemos, es una de las especies de pino mas valoradas para la elaboración de mástiles para barcos por su altura y vigor.
Dejamos atrás el descenso y también la población de La Granja de San Ildefonso, famosa por su palacete y por la fabricación de vidrio de alta calidad y llegamos a Segovia con la alegría que nos genera lo visto hasta ahora. Al entrar en Segovia lo primero que vamos a encontrar descendiendo por la cuesta que nos lleva al centro de la ciudad, es el Acueducto Romano. El Acueducto de Segovia merece una observación tranquila invirtiendo un rato de nuestro tiempo en intentar comprender como hace cientos de años, unos hombres sin apenas medios técnicos pudieron construir esta joya arquitectónica para traer agua a la ciudad y distribuirla por la misma. El Acueducto hoy en día se ha convertido en el símbolo de Segovia y su admiración es obligada para cualquier viajero que visite la ciudad, pero hay más. Si te atreves puedes pasear sobre él durante unos pocos metros, eso si, cuidado con el vértigo.
Segovia disfruta de un casco histórico muy bien conservado y totalmente peatonalizado; dentro de él destaca su Judería y su Catedral. La Judería de Segovia se encuentra bien conservada y mantiene el estilo en que fue concebida. Hay dos visitas destacables, una es la de la Sinagoga Mayor y otra la de la Puerta de San Andrés, que daba acceso al Cementerio Judío. Respecto a la Catedral, hay que comentar que destaca tanto por dentro como por fuera. Por dentro porque es una Catedral en mayúsculas que destaca por su grandiosidad en conjunto. Pasar un rato observando sus rejas, su coro o sus vidrieras supone una gran inversión de nuestro tiempo y un gran soplo de fuerza para nuestro espíritu. Por fuera, porque está en un entorno privilegiado, en un lado de la Plaza Mayor, donde todo permanece inalterable al paso del tiempo y donde se puede disfrutar aún, de la tranquilidad que ofrece una capital de provincia.
Finalmente, saliendo de la Catedral y descendiendo por la calle aledaña a ella, tenemos la oportunidad de disfrutar del Alcazar de Segovia que es otro de los monumentos destacados de la ciudad. Visitarlo por dentro puede resultar entretenido pero observarlo desde fuera es quizás más atrayente. Si se puede bajar al parque que está a sus pies las vistas son excelentes. El Alcazar, parece mas bien un Palacio sacado de un cuento de nuestra infancia, en cualquier momento "la Princesa" aparecerá en alguna de sus torres.
Segovia es, sin duda, un buen lugar para visitar donde uno puede disfrutar de la historia, la gastronomía y la gente de una ciudad que sigue conservando su estilo inconfundible. Si te acercas a ella, aprovecharas tu viaje tanto si vas en pareja, solo o con la familia. Segovia es un lugar para disfrutar.