Por ejemplo: Madrid, París, Berlín


Troovelers que quieren ir a Francia


Troovelers que han estado en Francia

Francia

Artículo escrito por: javier

Mis incursiones en Francia han sido siempre intermitentes y por épocas. No recuerdo bien el motivo pero seguramente  fue cuando viví en Donosti que descubrí el país vasco francés. La impresión fue enorme. Estaba acostumbrado a un país vasco español completamente desfigurado por la contaminación industrial y llegar a Hendaya, Biarritz,  y San Juan de Luz y ver el enorme encanto y la armonía de su paisaje verde en la hierba, azul en el cielo y rojo en los tejados, me sobrecogió sobremanera. 

En otra de mis visitas descubrí la ciudad de Burdeos y ya no me gustó tanto. Me pareció una típica ciudad inhumana y ruidosa. Por el contrario sí que me impresionaron unas dunas enormes junto a la playa en la zona de bosque que se denomina las Landes.

Por supuesto en esos mismos años estuve en Lourdes y aunque la virgen no se me apareció sí que me impactó el enorme fervor con el que la gente respiraba en aquel lugar. ¡Y yo que creía que a católicos no nos ganaba nadie!

Un caluroso verano me permitió conocer toda la Bretaña y llegar incluso a Normandía. Me sorprendieron gratamente los hotelitos con encanto de carácter familiar en los que pudimos alojarnos. El paisaje y el clima se asemejan bastante a Galicia, así me lo pareció. A la hora de comer eran típicas las ostras y los mejillones al vapor. ¿Qué lugares recuerdo? Ploumanac'h, sobre todo por sus rocas rosaceas en la costa todas redondeadas por el viento y el mar. La punta del Raz, paraje salvaje donde los haya. Desde ella se ve al fondo la isla de Sein. Desde Cancale, degustando sabrosas raciones de ostras o marisco, podemos contemplar la bella estampa mundialmente conocida, del Mont Saint Michel, en medio de la bahía. La ciudad de Saint Maló defendida del mar por fuertes murallas también impresiona. Y en un tono más popular la ciudad amurallada de Dinan mantiene su aire medieval. En Carnac se pueden admirar sus megalitos famosos dispersos por el campo. En fin, aún volveré a acabar este simpático recorrido.

París y sus alrededores merecen todo un viaje en sí mismos. Fue otro verano. Podrá ser, de nuevo cualquier otro verano. Allí es inevitable acercarse al palacio de Versalles y contemplar sus interiores y disfrutar de sus jardines en exceso cuidados. Muy franceses que podríamos decir, tan recortados. Fontainebleau es otro posible destino. Se trata de una ciudad histórica a la que se llega desde París en un cómodo viaje de tren. Lo principal es visitar su palacio. Y el otro lugar que recomendaría son los jardines y la residencia  de Monet en Giverny. El padre del impresionismo nos muestra, allí, sus fuentes de inspiración.

Por supuesto hay muchos otros lugares de Francia que aún no he visitado. Tengo pendiente el valle del Loira y sus numerosos castillos de ensueño. Así de memoria me suena el de Cambord, junto a Blois, y el de Chenonceau.

Otro de mis recorridos pendientes se podría centrar perfectamente en La provence y la costa azul. ¿Qué ver? Fácil, sus colinas de viñedos y sus campos de lavanda han sido ampliamente evocados en los cuadros de los pintores  Cezanne, Van Gogh y Chagal. Si la cosa va de monumentos ahí está nada menos que el palacio de los Papas de Aviñon.

Para la época invernal, cómo no, los Alpes y sus estaciones de esquí son otra alternativa interesante. En verano también pueden recorrerse aprovechando por ejemplo, en el mes de julio, la celebración del Tour de Francia.

A ver si en mis próximas vacaciones me lo pienso bien y me planifico uno de estos recorridos.


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