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Lagos

Artículo escrito por: Monica Modamio

La ciudad portuguesa de Lagos es uno de los principales centros turísticos del Algarve. Ciudad de glorias pasadas convertida hasta no hace mucho en una pequeña ciudad pesquera, hoy su principal motor económico es el turismo, lo cual no es de extrañar debido a que es una de las regiones de Europa que más horas de sol recibe al año, así como a la limpieza de sus playas atlánticas.

Lagos tuvo una importancia histórica vinculada a los descubrimientos y expediciones portuguesas de ultramar. De hecho, la capital de Nigeria (Lagos), recibió su nombre de esta ciudad del Algarve. Durante los siglos XV y XVI en el astillero de Lagos se construían las carabelas que hicieron famosos a los navegantes portugueses y el infante Enrique el Navegante estableció aquí una famosa escuela de navegación. La ciudad, tristemente famosa también por haber establecido el primer mercado de esclavos de Europa, estuvo en auge hasta mediados del siglo XVIII, cuando fue casi completamente destruida por un terremoto.

Hoy en día es una ciudad tranquila en invierno y volcada al turismo en verano, con una amplia oferta de bares, terrazas, restaurantes y locales de ocio nocturno y un turismo mayoritariamente británico y español. Las playas de Lagos son realmente maravillosas, con unas aguas azul turquesa y rocas emergiendo como islotes a poca distancia de la costa, se parecen a las playas tailandesas de Krabi. El único inconveniente que les encontré es que el agua está realmente fría, pero el paisaje lo compensa. En realidad son muy distintas a las típicas playas de arena enormes que se pierden en el horizonte. Las de Lagos se caracterizan más bien por ser pequeñas calas, separadas unas de otras por formaciones de roca caliza, que a veces forman pequeñas cuevas que cuando la marea está baja pemiten pasar de una cala a la de al lado. Hay muchas pero las más famosas son la Praia de Dona Ana (cuyas aguas transparentes son un buen lugar para bucear), la Praia do Carvalho, la Praia do Pinhao y la Praia do Camilo.

En cuanto a las visitas turísticas, en el centro de la ciudad hay una pequeña iglesia muy bonita, llamada la iglesia de San Antonio. El interior es sorprendentemente rico y destaca por su altar y su retablo barroco completamente recubierto de pan de oro. Además, destaca el uso de los azulejos de tonos blancos y azules, que es una característica de las iglesias portuguesas. Por cierto, visitando algunas pequeñas iglesias de los pueblos pesqueros del Algarve, me llamó la atención que tuvieran estucos pintados simulando ser mármol, pero esto es normal si consideramos que mientras que Lagos fue una ciudad rica, los otros eran sencillos pueblos de pescadores. 

Si tenéis tiempo os recomiendo que os acerquéis al Cabo de San Vicente. Situado a 25 kilómetros de Lagos, era el verdadero punto de partida de los exploradores portugueses, así como el equivalente luso a Finisterre: el fin del mundo, el non plus ultra. En el cabo hay un faro y una fortaleza que se puede visitar. Cuidado con los oidos porque en San Vicente el viento sopla con ganas.

Para llegar hasta Lagos, una opción es ir en avión con la Easy Jet hasta la cercana ciudad de Faro, la capital provincial del Algarve. Sin embargo, no hay vuelos directos desde España, teniendo que pasar primero por Londres. Si esta opción no os convence, siempre podéis ir en coche y si os desanima haceros todo el viaje del tirón podéis hacer noche en algún punto de Cádiz o Huelva.  

En cuanto al alojamiento, si vais a llevar o alquilar coche, os recomiendo que os quedéis en la Quinta da Falfeira, una casa de campo dividida en apartamentos turísticos, cada uno con una pequeña terraza y una piscina y jardín comunitario. Los precios son bastante ajustados y el hecho de poder cocinar permite ahorrar un poco. 

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