Republica Checa, el país idóneo para recuperar fuerzas
Es un país pequeño sin salida al mar pero, gracias a su situación en el centro de Europa, proporciona un fácil acceso utilizando diversos medios de transporte. Sabe demostrar que un atractivo turístico no siempre tiene que estar ligado al mar y a la playa.
Posee, en cambio, un sinfín de balnearios: Karlovy Vary, Janske Lazne, Teplice y el más famoso: Marianske Lazne. Este último, situado a tan solo 12 km de la frontera con Alemania, recibe durante todo el año multitud de visitas, la mayoría de ellas de alemanes. Muchos distinguidos personajes fueron asiduos a sus aguas; Goethe, Kafka, compositores como Wagner y Chopin o el zar ruso Nicholas II entre otros.
La tradición de acudir a las termas esta muy arraigada entre los habitantes. Se puede optar por una estancia de un fin de semana pero la mayoría no puede resistir quedarse más tiempo. Inolvidables son los paseos por sus tranquilas calles, en su mayoría peatonales. Era una costumbre de antaño pasear por esas calles mientras se degustaban exquisitas obleas que aún hoy en día se comercializan.
Podemos diferenciar, a grandes rasgos, dos extensas regiones; Bohemia que incluye la ciudad de Praga, capital de la República Checa, y Moravia donde destaca Ostrava, una de las ciudades con industria dedicada a la transformación del hierro y del acero.
Praga, junto con las capitales de los países vecinos, Viena y Budapest, forman uno de los circuitos turísticos más populares organizados por los tour-operadores. Los habitantes de la República Checa están preparados para atender a los turistas. De hecho, la mayoría de los taxistas que esperan en el aeropuerto sabe comunicarse en inglés.
Dentro de la ciudad de Praga merece la pena destacar su castillo gótico llamado Hradcany. Es el mayor del mundo de este estilo arquitectónico. Se construyó en el siglo IX y fue la residencia oficial de los reyes de Bohemia y, posteriormente, de los presidentes de la República Checa. En cuanto a los puentes, otro de los símbolos indiscutibles de la ciudad, es necesario nombrar el Puente de Carlos. Se trata del puente más viejo de la ciudad. Atraviesa el río Moldava desde la Ciudad Vieja a la Ciudad Pequeña, un lugar muy peculiar de obligada visita.
El país tiene otros muchos monumentos bien conservados. Un ejemplo de ello es la fortaleza situada en la ciudad ?eský Krumlov, al sur de la República Checa. Se comenzó a construir a orillas del río Moldava en el siglo XIII y, actualmente, es Patrimonio de la Humanidad. Merece la pena visitarlo aunque hay que armarse de valor para subir la cuesta que nos lleva al castillo.
Otra conocida ciudad es Plze, productora de cerveza a nivel mundial. Estando en el país, no puede uno dejar de probar la famosa cerveza checa. Para ello solo hace falta acudir a uno de los numerosos bares o bodegas esparcidas por las ciudades: el más conocido de Praga es el U Fleku.
La sensación que uno tiene viajando por la Republica Checa es la de conocer el lugar, sentirse realmente acogido y mimado por sus gentes. Es una buena manera de relajarse durante las vacaciones.