Por ejemplo: París, Londres, Nueva York


Personas que quieren ir a Rumanía


Personas que han estado en Rumanía

Rumanía

Artículo escrito por: Natalia Casado

Rumanía ha estado alejada de los destinos turísticos habituales durante mucho tiempo, resultando un gran desconocido hasta hace no mucho para el resto del mundo. Sin embargo, la apertura producida en los años 90, sumada al reciente abaratamiento de los costes de los vuelos gracias a las numerosas compañías de bajo coste que tienen como destino el país y la gran cantidad de atractivos turísticos, culturales y naturales que posee, han convertido a Rumanía en uno de los destinos más atractivos dentro de Europa del Este.

Consecuencia de este desconocimiento generalizado fue la imperdonable frase “Hola, Budapest”  que Michael  Jackson profirió desde el balcón de la Casa del Pueblo en Bucarest, actual sede del Parlamento. El edificio, producto de la megalomanía de Ceaucescu, supuestamente debía de ser inaugurado por el dirigente comunista, pero el pueblo decidió quitarle este honor ejecutándole junto a su maquiavélica esposa. Él ordenó la construcción, pero más de 20.000 fueron los obreros quienes a turnos trabajaron las 24 horas del día para erigir el segundo edificio administrativo más grande del mundo (el primero es  el Pentágono).  Para dejar espacio a sus ambiciones arquitectónicas fueron demolidos varios barrios, acabando no sólo con más de 7.000 viviendas, sino también con monasterios, sinagogas e iglesias de gran valor histórico. Fue entonces cuando el “Pequeño París”, tal y como era llamado en los años 30, pasó a ser otra ciudad, aunque no por ello la privó de encanto. Sus majestuosos edificios y las grandes avenidas arboladas siguen constituyendo sus características más notables.

El contraste que existe entre la capital -y otras grandes ciudades- con respecto a las zonas rurales, a pesar del proyecto de urbanización forzada que intentó Ceaucescu, es abismal, quizás mucho más acusada que en otros lugares de Europa. Diminutos pueblos llenos de casitas pintadas en tonos azules y verdes, vendedores de sandías y otras frutas en los arcenes de las carreteras, niños jugando despreocupadamente por las calles y sobre todo la hospitalidad fuera de lo común de sus habitantes es lo que más la caracteriza. Una visita al país viajando de ciudad en ciudad y obviando su lado rural sería, sin lugar a dudas, perdernos la  verdadera esencia de Rumanía. Por ello, lo ideal sería desplazarse en un automóvil privado. Sin embargo, la caótica forma de conducir de los rumanos y el estado de muchas de sus carreteras (que poco a poco están mejorando), harán desistir a muchos. El transporte público, si se viaja con tiempo, también es una buena opción; los trenes (que nos pueden llevar a casi cualquier punto del país debido a su extensa red), aunque generalmente más lentos que los autobuses, conferirán a nuestro viaje un toque más romántico, si cabe.

Una buena región para acercarnos a la cara rural de Rumanía es la de Transilvania, donde no sólo podremos disfrutar del lento transcurrir del tiempo y la amabilidad de sus habitantes en los pueblos menos turísticos, sino que además encontraremos numerosos puntos de interés. Uno de los más destacados es el castillo de Vlad Tepes en Bran. Fue en este personaje en el que Bram Stocker se inspiró para crear al Conde Drácula. Sin embargo, este siniestro príncipe actualmente es considerado un héroe nacional en Rumanía, por haber luchado (eso sí, de una forma bastante cruel) contra los otomanos, quienes ocuparon el país durante cinco siglos.