Este edificio ocupa una manzana entera de la capital cubana de La Habana. Se construyó en el terreno donde antes se localizaba la Catedral de la Habana y pertenece al movimiento barroco. Recibe el nombre de Palacio de los Capitanes Generales porque fue allí donde 65 capitanes generales españoles se alojaron con el fin de gobernar Cuba durante la época colonial., también sirvió de palacio presidencial durante la República, además de algún periodo como prisión.
Actualmente en él se ubica el Museo de la Ciudad, en el que se hace un recorrido histórico desde la creación de La Habana hasta el presente.
Es difícil hablar de las 40 salas de exposiciones de las que dispone, pero os voy a comentar las más interesantes (lo mejor es verlas uno mismo). En primer lugar, el Salón de los Espejos, la sala que debió tener más movimiento, ya que era en la que se firmaban documentos de transcendencia política, está decorada con óleos y con una impresionante lámpara de araña que cuelga del techo. Una habitación curiosa es en la que dormía la infanta Eulalia de Borbón cuando visitó España, conserva los muebles, con cama incluida, y es fácil hacerse una idea del modo de vida que llevaban en esa época.
También se pueden visitar los baños, en los que se ven las grandes bañeras en forma de góndolas en las que se lavaban y hay una exposición de cristalería francesa, cristal checo, porcelana china y en general todos los objetos que usaban a la hora del baño.
En el Salón del Trono se encuentra el trono de felpa que usaron los monarcas españoles en sus visitas a la colonia cubana, las cortinas son muy gruesas y hay una pequeña colección de tesoros
De forma resumida hay otras salas como la que recoge una colección de uniformes españoles y vestuario militar; las salas de las banderas, en las que entre muchas banderas se encuentra la bandera cubana que ondeó por primera vez en 1850; las cocheras con carros antiguos, trajes y utensilios de la vida cotidiana, además de una locomotora; el cementerio de espada, una sala sobrecogedora en la que se apilan dos filas de nichos y lápidas de mármol y la capilla con el altar barroco.
Paseando por la terraza del segundo piso se tienen vistas al patio central con la escultura de Cristóbal Colón en mármol blanco presidiendo y rodeado de vegetación.
No solo las salas de este edificio son bonitas, sino también el exterior y la fachada por lo que es recomendable visitar el museo por lo menos durante una hora para poderlo ver con detenimiendo. El horario de visitas es muy amplio (de 9 de la mañana a 6 de la tarde) durante todos los días de la semana. La entrada no es cara, por lo que no importa pagar un poco más y contar con un guía que te explique la funcionalidad de cada sala y los acontecimientos históricos que las envuelven.