Si hay un sitio en Paris que nadie debería perderse es la Basílica del Sacre Coeur. Es uno de los lugares que compensan el viaje y una vez estas en él, rápidamente te das cuenta de que merecía la pena conocer Paris.
La Basílica del Sacre Couer es una de esas construcciones religiosas que deja bien claro que existió un tiempo en que todas las artes confluían en los edificios religiosos. Por fuera es tan blanca que en un día de sol te ciega, por dentro es tan bella que entrecorta tu respiración.
Exteriormente destaca por su color blanco como la nieve y su forma, la cual puede recordar a la iglesia de San Marcos en Venecia. Es una mezcla romano-bizantina lo que le otorga un aire muy especial. Pero no destacaría tanto si no estuviese donde está y es que Montmartre es una colina que se alza sobre el norte de Paris y eso le otorga una situación muy privilegiada. Además este barrio goza de gran tradición artística y fue el centro del Impresionismo. Muchos pintores fijaron temporalmente su residencia en esta zona, entre ellos Picasso. Hoy en día, como antaño, en la Place du Tertre se siguen colocando los mismos puestos y tenderetes donde exhiben y venden sus creaciones. Si la Basílica en si merece una visita, el eterno no desmerece para nada.
En el interior se puede visitar la cripta y la cúpula donde se encuentra dicen, la campana mayor de Francia. Desde la Cúpula se disfruta de buenas vistas, aunque no comparables a las de la Torre Eiffel, es el mirador por excelencia de París. Una visita al interior no es despreciable, pero hay que reconocer, que en este caso es mucho más interesante y bello el exterior y su entorno.
Por ultimo comentar que para acceder a este esplendido lugar, tenemos dos opciones. Una consiste en subir callejeando por el barrio de Montmartre donde podemos encontrar muchas sorpresas agradables y algunos rincones realmente sugerentes. Otra opción, recomendable si nuestro cuerpo muestra signos de fatiga, es utilizar el funicular que nos ayuda a salvar el desnivel.
Pero ya sea por primera vez o siendo reincidente, esta es una visita que requiere de su tiempo y de la intención de saborearla plenamente, hay que hacerla tranquilo, sin prisas. Para ello es una buena idea comenzarla al atardecer, disfrutar lentamente de las callejuelas de Montmartre, reparar fuerzas con una buena cena en algún Bistró, y sentarse a disfrutar de las vistas en la escalinata de la Basílica para disfrutar de una tarde-noche de lo mas romántica. A partir de aquí, que cada uno decida cómo llegar hasta el amanecer