A parte de por sus calles empinadas, Oporto se caracteriza por el paso del río Duero. Para salvar este fenómeno natural fueron necesarios una serie de puentes para unir las dos mitades. Por este motivo, uno de los mayores atractivos de la ciudad son los paseos por el río, que te dejan ver las dos orillas y los monumentales puentes que han sido construidos.
El crucero de los seis puentes dura aproximadamente unos 50 minutos y pasa por debajo de todos ellos, el precio es de 10€ (para los menores hay precio reducido) y lo único malo que tiene es que si el barco no está lo suficientemente lleno, no salen hasta la siguiente hora, así que si eso ocurre lo mejor es disfrutar durante ese tiempo de las tiendas y “puestecillos” que hay por la zona. Las barcas son las típicas que se utilizaban para el transporte del famoso vino de Oporto, los rabelos, están remodeladas para facilitar el uso turístico, se han colocado bancos de madera tanto en la cubierta como en la cabina interior, que tiene hasta bar. Si vas a ir en la parte de fuera ten en cuenta que es casi una hora de exposición al sol o al viento, según se dé el caso, pero las fotos serán mucho mejores que desde la cabina con ventanales.
A parte del folleto que te dan al comprar el ticket, hay un guía que va haciendo las explicaciones en varios idiomas.
Por orden, los puentes que se ven son los siguientes:
Puente de Luis I, el más famoso de Oporto, construido por un discípulo de Gustave Eiffel (el de la Torre Eiffel). Pasar por debajo es bastante impactante por la gran estructura metálica con la que está hecho. Tiene dos niveles de paso, por arriba que está permitido el paso a peatones y el metro, además queda cerca del teleférico y por abajo que tiene una pasarela compartida con vehículos. No hace falta decir que las vistas desde arriba son preciosas, si vas al atardecer es más bonito aún con el cielo rojizo reflejado sobre el agua y las gaviotas volando por todas partes.
El siguiente puente es el del Infante, está construido en hormigón y es el más moderno de todos. Los dos puentes del estilo de Eiffel entre los que se encuentra le comen mucho protagonismo.
El puente de María Pía construido por Eiffel en 1.877, tiene un arco de 354 metros y la estructura es completamente metálica, muy característico de las construcciones de este arquitecto francés. Está reservado para el paso del tren.
El Puente de San Juan, está muy próximo al anterior, es de hormigón y se usa para el transporte ferroviario. A este puente le sigue uno al que no llegamos a acercarnos pero sí vimos de lejos, por el Puente do Freixo pasa la autovía.
De camino a la desembocadura una vez dada la vuelta y habiendo pasado el puente de Luis I nos encontramos con el último puente de la visita, el Puente de la Arrábida, construido en hormigón. Es un gigantesco puente por el que pasa la autovía Oporto-Lisboa. Una vez visto este puente, la barca da media vuelta y vuelve al punto de origen.
Cuando acabe el crucero, no estaría mal pasarse al otro lado del río cruzando por el puente de Luis I, donde no es Oporto sino Vila Nova de Gaia, población en la que se encuentran las fábricas de vino y por un módico precio de 3€ puedes hacer una cata de vinos dentro. Si dispones de tiempo y algo más de dinero también se puede hacer el viaje en teleférico que sale desde la parte alta del puente de Luis I.