Personas que han estado en Edfu

Templo de Edfú

Artículo escrito por: Natalia Casado

Sepultado durante siglos bajo toneladas de arena y el lodo proveniente del río Nilo sobre los cuales los habitantes de Edfú habían construido sus viviendas – ignorando el prodigio humano que se escondía bajo sus pies-, aguardaba a salir de nuevo a la luz en todo su esplendor el templo de Horus hasta que comenzó a ser desenterrado en 1860 por el equipo de trabajo del egiptólogo francés Auguste Mariette.

Este templo dedicado al dios halcón, Horus, que se comenzó a construir durante el reinado de Ptolomeo III en el siglo III a.C., es actualmente uno de los mejores preservados de esta fascinante civilización y el segundo más grande de Egipto -tras el complejo de templos de Karnak- y por ello uno de los principales puntos turísticos del país, así como una de las paradas obligatorias de los cruceros a través del río Nilo.

A pesar de la tortuosa historia del templo (cayó en desuso tras el edicto que prohibía el culto no cristiano dentro del Imperio Romano, algunos de sus relieves fueron destrozados y sus imágenes religiosas quemadas por ser consideradas paganas… abandonado completamente y finalmente sepultado por las arenas durante siglos), en la actualidad el templo está prácticamente intacto, en gran parte gracias al hecho de haber permanecido sepultado durante tanto tiempo, y en él podemos disfrutar de una de las más notables maravillas arquitectónicas que esta excepcional civilización ha dejado y hacer un viaje en el tiempo entre sus sólidas paredes.

Esta inmensa construcción fruto del ingenio de la época consta de elementos clásicos como el pilonio (compuesta por dos robustas torres divididas en cuatro plantas), un patio de columnatas, la cámara de ofrendas, dos salas hipóstilas, una sala central y un santuario. El santuario será la parte más oscura del templo, pues la estructura de este prodigio de la arquitectura se basa en la sucesión de habitaciones cada vez más pequeñas y más oscuras cuya fuente principal de iluminación es la luz que llega de la anterior, siendo el santuario la última de dicha sucesión y por ello la menos iluminada. Pero quizás lo más impactante del templo son los fantásticos grabados y jeroglíficos con los que está decorado, capaces de hechizar al más profano en la materia.  

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