Egipto, cuna de civilizaciones y “umm el-donia” (madre del mundo) como los egipcios siempre dicen con una gran sonrisa. A través del desierto del Sahara, el mítico río Nilo, que riega las ciudades a su paso y permite de esa manera la ganadería y la agricultura. Es Egipto bañado por el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo, territorio que se encuentra entre Europa, Asia y Oriente Medio, en una encrucijada cultural que tiene como resultado la hermosa fusión racial, histórica y artística.
Safaga es conocida como el balneario de Sharm el Sheij y se encuentra situada entre el Mar Rojo y el Monte Sinaí, en la zona más al sur de la Península del Sinaí, península que conecta Oriente Medio y África. Esta pequeña ciudad, bañada por las aguas turquesas en donde nadan infinidad de peces de colores, llama la atención increíblemente de los turistas y los locales por sus arrecifes coralinos. Además del turismo, Safaga también fundamenta su economía sobre la actividad pesquera que se lleva a cabo en el viejo puerto de la ciudad y sobre la exportación de fosfato. Safaga emerge como un destino de relax, descanso, parajes naturales como playas con dunas y desiertos rodeando la ciudad y aguas que se dicen tienen propiedades curativas.
Safaga, llamada igualmente Bur Safaga y originalmente conocida como Filotera, tiene una gran tradición y antigüedad, pues data de alguna fecha entre el 282 y el 268 a.C. Hoy día es una ciudad portuaria en donde abundan las pequeñas construcciones, los bungalows y algunos hoteles enfocados al turismo. Además de esto, el resto de cedificaciones de la ciudad la constituyen, en su gran mayoría, restaurantes, cafeterías, alguna que otra oficina de información y tiendas con todo lo necesario para bucear o darse un baño: toallas, cremas solares, gorras, pareos, etcétera, todo decorado con esfinges, camellos, pirámides y pescados. En las afueras de la zona más céntrica, se hayan numerosas minas de fosfatos, que son exportadas a nivel nacional e internacional y que aporta gran cantidad de ingresos a Safaga. Una ciudad
Sus playas se caracterizan por sus aguas cristalinas y turquesas y sus dunas de arena negra. El hecho de que sea conocida como el balneario de Sharm se debe a que la composición de sus aguas, con un alto grado de salinidad y minerales, dan como producto aguas muy propicias para personas que sufren males como el reuma, psoriasis o mala circulación y son, en general, una gran fuente de salud natural.
Opciones en Safaga hay muchas y variadas, empezando por la más común que es darse un baño y nadar en sus playas, realizar buceo y contemplar sus bellos arrecifes de coral – Tobia Arbaa y las torres de corales de Abu Qaifa son visitas indispensables para aquellas personas interesadas en este tipo de turismo – o realizar una excursión al Desierto del Este, en donde entrar en contacto con una población beduina, aprender a hacer pan del desierto o ver el atardecer o las estrellas desde allí. Sin embargo y aunque es el mejor lugar para ver el cielo más bello de noche, Safaga en general tiene un nivel muy bajo de contaminación y su aire está muy limpio y es saludable. Siendo como es una ciudad pequeña y tradicional, la vida nocturna es algo escasa y lo que se suele hacer de noche es pasear por las calles de Safaga, por el Puerto, por la playa o ir de tiendas, pues el horario comercial en Egipto es bastante flexible. Para ir de compras, cuando cae la noche, Victoria Wharf es una muy buena opción: es un centro comercial en el que se puede ir de tiendas, al cine o comer en su variada lista de opciones.
La gastronomía egipcia, muy mediterránea y variada, es sabrosa, especiada y bastante pesada en general: fol o habas, se consumen casi a diario, sobre todo en los hogares más humildes y se cocina de todas las maneras posibles; boksomat, palitos horneados para tomar con queso; hawawshy, pan árabe relleno de carne de ternera picada y especiada, todo hecho en grandes hornos de piedra; koshary, una mezcla de garbanzos, arroz, fideos, macarrones, lentejas con cebolla frita picada y tomate frito; humus, pasta hecha de garbanzos para comer acompañada de pan; mahsi, hojas de parra, calabacín, berenjenas o pimientos rellenos de una masa de arroz, verduras y tomate; konafa, dulce hecho con frutos secos y una pasta hilada; zalabia, una pasta muy, muy dulce, hecha con azúcar frita y harina y reposado en agua con azúcar; halawa, una especie de turrón con pistachos que se come con pan.
Para beber, encontrarás por las calles pequeñas tiendecitas o puestos en los que puedes consumir, sobre la marcha, unas grandes jarras de zumo recién hecho y muy frío, por apenas 50 piastras o una libra (unos 25 céntimos de euro). Si te piden más de 1’5 libras, regatea o vete a otro, pues se encuentran con frecuencia. En la mayoría de ellos no hay gran variedad, sin embargo los de mango, de caña de azúcar (‘asab) o de tamarindo (tamr hind), que son los más comunes, merecen mucho la pena. Sencillamente, delicioso.
Para terminar, es aconsejable que no olvides beber siempre agua embotellada, así como no tomar bebidas con hielo o zumos hechos con agua (no te preocupes por los puestos de zumo, pues no llevan agua añadida). Y lleva a mano los datos de la Embajada Española en Egipto (41, Ismail Mohamed, El Cairo) y/o el teléfono en caso de urgencias (+ 20 2735 58 13, +20 2735 64 37, +20 2735 36 52, +20 2735 64 62).
¡Buen viaje!