Introducción

Introducción:
Ciudad (2.693.383 habitantes), capital de la República italiana, del Lacio y de la provincia homónima, situada a unos 20 Km. de la costa del Tirreno, en el centro de la Campagna di Roma, donde el río Tíber y sus afluentes (entre ellos el Aniene) discurren tortuosoa entre suaves colinas. Según los historiadores latinos, Roma habría sido fundada el año 753 a. de C. Roma es la sede del jefe del Estado, del Parlamento, del Gobierno, de los máximos órganos judiciales, de organismos internacionales y de muchas instituciones artísticas y culturales. En su territorio comunal está también comprendido el Estado de la Ciudad del Vaticano. Su función primordial en el terreno político-administrativo y religioso caracteriza también su vida económica, particularmente desarrollada en el sector terciario, y fomenta una importante actividad turística. La industria ha experimentado un desarrollo reciente, en función, sobre todo, del amplio mercado de la ciudad: sectores de la confección, mecánica, aeronaútica, gráfico-editorial, alimentación, textil, química, farmacéutica, cinematográfico, de la construcción, del vidrio, del tabaco y de material plástico. Las comunicaciones en el interior de la aglomeración urbana son bastante dificultosas y están organizadas a través de una red de transportes públicos, entre ellos el ferrocarril metropolitano, subterráneo en parte. En Roma confluyen las principales líneas de ferrocarril de la península (estación Termini), una densa red de carreteras estatales (que repiten en el nombre y en el trazado las antiguas vías consulares) y la Autostrada del Sole; un anillo externo de circunvalación evita que el tráfico de tránsito tenga que entrar en la ciudad; las líneas aéreas hacen escala en el moderno aeropuerto de «Leonardo da Vinci», en Fiumicino (unido con la ciudad a través de una autopista), que por el volumen de tráfico y el número de vuelos se sitúa entre los primeros lugares de Europa. En Ciampino existe un aeropuerto auxiliar. Roma estuvo situada originariamente en las colinas desde las cuales se domina un estrangulamiento del valle del Tíber donde era más fácil vadearlo debido a la presencia de una isla (isla Tiberina) ; la situación era favorable porque el río permitía fáciles comunicaciones con el mar y, a través de su valle y del valle del Aniene, con el interior de la península. Al principio el núcleo urbano se desarrolló en el Palatino, que se levantaba en los pequeños pantanos del fondo del valle y más tarde se extendió también por el Campidoglio, ocupando el valle interior que, una vez saneado, albergó los mercados (Foro Romano). Posteriormente, la ciudad ocupó las cimas, anchas y aplanadas, de las demás colinas (Quirinal, Viquial, Esquilino, Celio, Aventino), primero de manera desordenada y después, en tiempos de Augusto, de acuerdo con un plan regulador, que a su vez sufrió profundas modificaciones después del incendio de 64, en tiempos de Nerón: la ciudad fue reconstruida con calles más anchas, edificios más sólidos, de obra de albañilería y con mayor abundancia de fuentes. Después de la caída del Imperio Romano, saqueada varias veces por los bárbaros, conoció un largo período de crisis durante la cual sufrió incendios y se vio asolada por epidemias y otras calamidades que casi la dejaron despoblada; las viviendas se aglomeraron alrededor de algunos puntos fortificados, la mayoría residencias de familias nobles enzarzadas en luchas entre sí, que modificaron la vida de la ciudad. La decadencia económica y demográfica de Roma se prolongó durante toda la Edad Media hasta el Renacimiento, cuando el papa Martín V (1.417-1.431) y sus sucesores iniciaron su reconstrucción con una gran magnificencia arquitectónica. El plan regulador de Sixto V (1.585), que contemplaba una serie de arterias rectilíneas que irradiaban desde la Basílica de Santa María Mayor, pese a no haber sido plenamente realizado, continúa siendo la base de la red central de sus vías. A partir de 1.700, con la crisis del poder temporal, se inició un largo período de parálisis en la construcción, si bien en 1.870, cuando Roma se convirtió en capital del reino de Italia, el incremento urbanístico cobró nueva vida: los planos reguladores de 1.873 y 1.883, que siguieron al de Quintino Sella, el cual no llegó a realizarse nunca y que preveía la construcción de una nueva Roma, hacia el monte Mario con objeto de respetar la Roma arqueológica y artística provocaron una pesada superposición de elementos modernos y antiguos con la construcción de nuevos barrios de planta monótonamente rectangular en los espacios que todavía quedaban libres entre las mallas de la red de calles renacentistas. La crisis de construcción ocurrida entre 1.885 y 1.895 fue seguida de un período de desorden urbanístico que ni siquiera el plan de 1.908 consiguió frenar. Con el plan de 1.931 se quiso eliminar la concentración de tráfico en el núcleo central y se trató de realzar, con grandes demoliciones, los aspectos arqueológico y artístico de la ciudad, incorporándolos a la construcción moderna. Actualmente, la aglomeración urbana tiende a expandirse como mancha de aceite, especialmente hacia el Norte y en dirección al mar, uniendo los barrios con el centro; el barrio del EUR (proyectado modernamente para acoger la exposición universal de 1.942) constituye un nuevo polo de atracción urbanística y ya ha dado muestras de su función descentralizadora en relación con la aglomeración principal. La ciudad se embellece con grandes parques como Pincio, Villa Sciarra, Villa Borghese, Villa Glori, Villa Torlonia, Villa Doria-Pamphili, del Aventino, de Porta Capena, que resultan insuficientes, dado que la superficie verde es de unos 2 m² por habitante. Turismo: Foro romano y palatino; foro de Trajano (columna trajana); foro de Augusto; foro de César; prisión Mamertina; coliseo; arco de Constantino; mosaicos de la iglesia de los Santos Cosme y Damián; piazza Venezia; piazza del Campidoglio; Santa María de Aracoeli; Corso; piazza del Popolo; via dei Condotti; piazza di Spagna; iglesia Trinitá del Monti; Pincio; villa Médicis; iglesia del Gesú; piazza Navona; panteón; palacio Farnesio; teatro de Marcellus; piazza Campo dei Fiori; fontana de Trevi; via del Tritone; via Veneto; palacio del Quirinal; «Moisés» de la iglesia de San Pietro in Vincoli; castillo de Sant'Angelo; basílica y plaza de San Pedro; museo del Vaticano, museo etrusco de la villa Giulia; Museo Nacional romano;jardines de villa Borghese; basílicas de Santa María Maggiore, San Giovani in Laterano y San Paolo fuori le Mura con su claustro; Isola Tiberina (isla del Tíber). Roma posee un importante comercio de lujo, concentrado en torno a la piazza di Spagna. Este centro histórico y las calles peatonales que la rodean (via dei Condotti, via Frattina, via Borgognona, etc.) están llenas de joyeros, guarnicioneros, costureros de reputación mundial, cuyos productos presentan, con un gran arte de escaparate. Ya se trate de alta costura, de pret-a-porter, de camisería, de marroquinería o de complementos de mesa, la via dei Condotti, que une la piazza di Spagna con el Corso, es el corazón de esta cita con la belleza. Otro centro de lujo se sitúa en el barrio Ludovisi, atravesado por la via Vittorio Veneto y la vía Sixtina. Los amantes del calzado irán al Corso; quienes se interesen por las antigüedades, a la via dei Coronari o vía del Babuino. Las personas que desean comprar objetos de arte moderno, pueden ir a la vía Margutta. La artesanía romana, menos sofisticada, se halla tradicionalmente presente, en el barrio de la piazza Navona y en el Trastévere. Los ebanistas de la vía Giulia son célebres, como los encuadernadores y los artesanos del hierro y del cobre, que se agrupan en torno al palacio Farnesio. Grandes almacenes como el Upim y la «Rinascente», venden de todo a buen precio. El «rastro» de la Porta Portese es famoso, así como la compraventa en los alrededores de la piazza Nievo. Valle de Aosta y Piamonte