Introducción

Introducción:
Turismo: Catedral; Sagrario; Zócalo; mercado de la Merced; museos nacionales de Antropología y de Etnología; Anahuacalli (colecciones Diego Rivera); castillo de Chapultepec; parque de la Alameda e iglesia del Corpus Cristi (museo de Artes populares), subir por la tarde a la cima de la Torre latino-americana; Ciudad universitaria; basílica Nuestra Señora de Guadalupe, plaza Garibaldi y plaza de las Tres Culturas, barrio del Pedregal, pirámides de Cuicuilco (la más antigua de Méjico), de Tenayuca (con su muro de serpientes) y de Santa Cecilia (muy restaurada, pero que da una buena idea de la cultura precolombina); en los alrededores, Teotihuacán (pirámides del Sol y de la Luna; templo de Quetzalcoatl) y Tula (atlantes del templo de la Estrella de la Mañana; muro de las Serpientes). Como para las fiestas, la abundancia es tal que la dificultad consiste más bien en saber lo que no se querrá comprar. Una vez salido esto, cada pueblo, o casi cada pueblo, tiene su especialidad, y no hay que cometer el error de esperar demasiado diciendo que se encontrará lo mismo unos kilómetros más lejos. Las oficinas de Turismo pueden proporcionar el calendario de los mercados de la región atravesada. Este permite determinar con antelación dónde y cuándo se comprarán las joyas de plata del Norte, los sarapes (mantas de lana tejidas a mano), los retozos, los collares de jade, los ópalos y las turquesas, los objetos de madera blanca, de paja, de papel mascado. El material cuenta mucho menos aquí que la intención, y el más pequeño juguete naif tiene formas y colores que le hacen digno de figurar en el museo de artes y tradiciones populares del mañana. Hay que notar que, en su inmensa mayoría, las «antigüedades» que se proponen al turista son falsas. Además la exportación de los auténticos objetos precolombinos está rigurosamente prohibida. Quedan las copias, cuando se trata de terracotas de Jalisco o de Colima, hay que ser un verdadero especialista para notar la diferencia. Los viajeros que soporten mal la cocina sumamente especiada pueden limitarse a las sopas, el pan y los pasteles, que son prácticamente siempre excelentes.